C33. Falsa sumisión.
Giovanni Ferrari
Entré al despacho y cerré la puerta con un golpe que resonó en los cimientos de la villa. El aire allí dentro todavía olía a la desesperación de mi padre, a ese aroma a cuero viejo y cuentas bancarias que siempre me había asfixiado.
No encendí las luces. La penumbra que se filtraba por los ventanales era suficiente para la carnicería emocional que estaba a punto de ejecutar.
Fui directo al rincón donde el arcón de metal descansaba. Lo arrastré hacia el centro de la habitación;