Capítulo 130. Nadie va a morir hoy.
La aguja curva de acero perforó la carne pálida.
Lidia soltó un gruñido ahogado. Apretó los dientes contra el cinturón de cuero grueso que tenía en la boca. La presión le hizo sangrar las encías de inmediato. El sabor a cobre le llenó el paladar.
Claritza tiró del hilo quirúrgico negro. La sutura cerró a la fuerza los bordes de la herida profunda en el hombro derecho de su hermana. La sangre manchó los guantes tácticos de Claritza. Resbaló por sus dedos y goteó sobre el metal frío de las cajas