Capítulo 110. Tú mandas y yo obedezco.
Las palabras colgaron en el aire como una confesión. Como la verdad más cruda que había pronunciado en años.
Lucas cerró los ojos por un instante. Cuando los abrió, había algo en ellos que hacía juego con la humedad que Claritza notó en sus propios ojos.
—Te prometo —dijo, y su voz era un juramento— que nunca, nunca, vas a tener miedo conmigo. No de esto. No de nada.
Deslizó sus manos por sus costillas con la lentitud de quien tiene toda la eternidad por delante. Llegó al broche del sostén y se