Capítulo 118. Tras Lidia.
El sonido de la madera rompiéndose resonó en el auricular.
Luego, un grito ahogado.
Y el silencio absoluto.
Claritza se quedó paralizada. El teléfono pegado a su oreja. El plástico frío contra su mejilla. La respiración se le cortó de tajo.
—¿Lidia? —exigió Claritza. Su voz salió ronca. Rasposa.
Nada. La línea estaba muerta.
El pulso le latió en la garganta con violencia. La sangre le hirvió en las venas. La adrenalina la golpeó de frente.
Bajó el aparato. Miró la pantalla negra.
Levantó el bra