Mundo ficciónIniciar sesiónEl telegrama llegó a las dos de la tarde, cuando la luz toscana tenía esa calidad específica de octubre que convertía las colinas en algo parecido al oro viejo.
Adrian lo recibió de pie en el umbral de la villa, con el mensajero todavía sosteniendo la bicicleta por el manillar y el polvo del camino de cipreses aún suspendido en el aire caliente. Era un sobre ordinario, sin sellos especiales, sin la librea de ninguna casa conocida. Solo e







