Mundo ficciónIniciar sesiónEl olor a madera vieja nunca abandonaba las salas del Old Bailey.
Clara lo había notado desde el primer día, cuando la condujeron por el corredor lateral con los tobillos apenas libres de grilletes y la vista fija en el suelo de piedra. Era un olor acumulado durante siglos, impregnado en cada banco, en cada moldura de yeso, en el aire mismo que circulaba por las ventanas altas y estrechas. Olor a decisiones irrevocables. A vidas partidas en dos mitades: el antes y el desp







