Mundo ficciónIniciar sesiónLa pistola pesaba en mis manos como una promesa rota.
Llevaba seis horas sentada en la cama, con la espalda apoyada contra la pared de piedra fría, apuntando a la puerta sin cerrojo. Cada músculo de mi cuerpo protestaba por la tensión sostenida, pero no me atrevía a relajarme. No después de lo que Victor me había dicho en el jardín, no después de ver las miradas calculadoras de los otros herederos durante la cena.
La noche







