El relicario descansaba sobre la palma de Clara como un secreto materializado. La luz de la tarde que se filtraba por la ventana arrancaba destellos dorados de su superficie, revelando un intrincado grabado que ella reconoció al instante. Su corazón se detuvo por un segundo mientras sus dedos trazaban las iniciales entrelazadas: E.D.
Evelyn D'Armont.
Clara cerró los ojos, transportada a un tiempo que parecía pertenecer a otra vida. Recordó el día en que su madre le había mostrado aquel relicario