Mundo ficciónIniciar sesiónLa sonrisa que se extendía por mi rostro mientras observaba sus caras de incredulidad era, sin duda, una de mis obras maestras. El silencio que siguió a mi declaración se alargó como un hilo de seda antes de romperse, denso y cargado de una tensión que podía palparse en el aire matutino del vestíbulo.
Cuarenta por ciento, me repetí mentalmente, saboreando cada sílaba como si fuera el vino más exquisito.







