Mundo ficciónIniciar sesiónLa primera vez que crucé el umbral de la mansión Delacroix como su propietaria, el aire se sintió diferente contra mi piel. Ya no era el aire cargado de secretos ajenos que había respirado como institutriz, ni la atmósfera opresiva que me había asfixiado durante meses de cautiverio emocional. Ahora era mío. Todo era mío. Y esa realización me aterrorizaba más que cualquier amenaza que Adrian hubiera pronunciado.
Sophi







