Mundo ficciónIniciar sesiónLa sala del tribunal estaba abarrotada.
Periodistas, aristócratas curiosos, víctimas colaterales de los escándalos Delacroix—todos apiñados en bancos de madera que crujían bajo el peso de tanta expectación. El aire olía a sudor y perfume caro, una mezcla nauseabunda que hacía eco del espectáculo que estaba a punto de desarrollarse.







