Ella empujó su pecho para que saliera, pero él permaneció tan profundo que podía sentirlo en su estómago. Su cuerpo pesaba tanto mientras yacía encima de ella, con una mano apoyada en la cama y la otra acunando su cabeza.
Permanecieron así por un momento, su pecho jadeando por aire contra el de ella. Su respiración entrecortada abanicó su cuello mientras él permanecía quieto.
Los labios del rey presionaron contra su oreja. —He estado muchas veces dentro de ti, pero ¿cómo sigues tan apretada?
He