—Buenos días Beta Leo —un grupo de sirvientas saludó en la entrada de ala donde se encontraba la oficina del rey.
—¡Tú! ¡Inclínate ante la Beta! —instruyó una de las sirvientas a una chica que parecía perdida entre ellas.
Eso llamó la atención de Leo. Miró a la chica con curiosidad.
Ella olía diferente y él podía decir que no era miembro de su manada, pero no dejó de reconocer el aura poderosa que flotaba a su alrededor. Ella no era cualquiera.
Ella era la compañera de su rey. La futura reina y