VICTORIA.
El jardín trasero de la mansión es un espacio frío, por el clima de la ciudad. Estoy sentada en una de las sillas de hierro forjado, sosteniendo una taza de café caliente con la mano derecha, dejando que el vapor me entibie el rostro. Frente a mí, al otro lado de la pequeña mesa redonda, Tania Markov bebe de su propia taza, como si no cargara con ningún peso sobre los hombros.
Maximiliano se fue temprano a la empresa de publicidad, ese enorme edificio donde se supone que yo debería es