VICTORIA
—¿Enfrentadas por qué? —reclamo, dando un paso hacia ella—. Es mi boda.
—Te vas a casar con Maximiliano —dice ella, con una calma que me asusta—. Y yo me voy a casar con su primo la próxima semana. Hay una guerra desatada entre ellos, una herencia multimillonaria que está en juego y que destruirá a cualquiera que se interponga. En esta situación, lo más inteligente es que ninguna asista al matrimonio de la otra. Sería una hipocresía.
Siento un golpe seco en el estómago.
—Somos hermanas