MAXIMILIANO.
El auto se detiene frente al edificio de cristal. Es un complejo de lujo, donde instalé a Victoria, tratando de alejarla de la mierda que tiene por esposo. El motor sigue encendido pero el viaje desde la cabaña ha terminado y con ello, debo enfrentar mi vida real.
Miro a Victoria de reojo. Ella observa la entrada del edificio con una expresión que no logro descifrar. La complicidad del bosque se ha esfumado.
—Sube, alístate —le digo, sin apagar el motor—. Hay un auto para ti en el