VICTORIA.
Tomo aire con dificultad, intentando regular las pulsaciones de mi corazón mientras Maximiliano atiende el teléfono. Mis mejillas arden y tengo la respiración completamente alterada. Aprovecho este maldito segundo de distancia para acomodarme la falda del uniforme y recomponer mi postura. Necesito recuperar el control de mis emociones; Maximiliano me arrastra a un abismo de deseo que me asusta por lo rápido que me hace perder la razón. Lo deseo con la misma intensidad con la que él me