VICTORIA
—Me estás pidiendo un imposible, Victoria —bromea él, dando un paso lento hacia mí, obligándome a retroceder hasta que mi espalda choca contra el borde de su escritorio—. Tengo una empresa de publicidad que manejar, millones de rublos que mover, pero admito que mi pasatiempo favorito ahora mismo es romper tu maldito autocontrol. Es un reto corporativo muy interesante.
—Pues vas a tener que aprender a trabajar bajo frustración, señor Markov —le devuelvo el golpe, cruzándome de brazos y