VICTORIA.
Me observo en el espejo del baño y siento que el aire se me escapa de los pulmones. El conjunto que llevo puesto es de un color vino intenso, encaje fino y tirantes que parecen querer marcar cada curva de mi cuerpo de una forma que nunca me habría atrevido a imaginar. Es agresivo, sofisticado y terriblemente sugerente.
Me avergüenzo porque no soy una mujer delgada, o con un cuerpo definido, o marcado.
Rápidamente me pongo la bata de seda encima, tratando de cubrir lo inevitable. De to