A GOLPES DE VERDAD.
VICTORIA.
El paisaje blanco y monótono de la estepa rusa finalmente cede ante la estructura imponente de la finca. Han sido casi cinco horas de viaje desde que dejamos Moscú. El reloj del tablero marca que ya ha pasado el mediodía cuando los neumáticos crujen sobre la grava limpia de la entrada principal.
Es una propiedad vasta, aislada, rodeada de bosques bañados en nieve. Al detener el motor, el silencio del campo me golpea los oídos.
Los empleados ya están fuera, formados con una disciplina