MAX.
Entramos al apartamento de Adel a la fuerza. El lugar apesta a humedad y a alcohol barato, un reflejo exacto del tipo de escoria que vive aquí. Adel retrocede tres pasos, tapándose instintivamente el pómulo izquierdo, donde todavía resalta una costra violácea de los golpes que le propiné por tocar a Victoria. Me produce una satisfacción salvaje verlo retroceder, intimidado por mi sola presencia.
—¿Qué es esto? ¿Por qué estás aquí? —pregunta Adel, intentando recuperar algo de dignidad mient