MAXIMILIANO
El motor del taxi ronronea mientras dejamos atrás el suburbio gris y nos adentramos de nuevo en el tráfico pesado de Moscú. Valentina mira fijamente por la ventana, con las manos apretadas en el regazo y una expresión que deambula entre la culpa y el alivio. El silencio dura varias calles, hasta que ella suelta un suspiro largo, lleno de frustración.
—No puedo creer que haya aceptado hacer eso solo por dinero —dice en un susurro, negando con la cabeza—. Vender su propio órgano, la v