MAX.
Estaciono el auto frente al edificio de mi apartamento, el lugar donde ahora vive Victoria. Apago el motor y me quedo un momento mirando el frente del complejo. La tarde cayó por completo sobre Moscú, trayendo consigo el frío habitual de la ciudad.
Victoria se gira hacia mí, deshaciendo el cinturón de seguridad con parsimonia. Me mira fijamente, con esa intensidad que me revuelve las entrañas.
—¿No quieres subir? —me pregunta, con una voz que arrastra una invitación evidente.
—No —le conte