MAX
—Coriana. Buenas noches —le respondo. Le sostengo la mano un segundo, con un saludo completamente seco y formal, antes de soltarla—. No esperaba visitas a esta hora.
—Tu madre me invitó a cenar de imprevisto, pasaba por la zona —dice ella, modulando la voz, intentando sonar casual.
Tania nos observa desde el sofá, cruzada de brazos, evaluando mi reacción.
Espera que la presencia de la mujer que ella aprueba borre el incidente de la tarde. Qué estúpida.
Me guardo las manos en los bolsillos d