MAX.
El agua fría de la ducha me despeja de golpe. No pierdo el tiempo pensando en tonterías. Salgo, me seco y me pongo un traje de sastre gris oscuro a la medida, camisa blanca impecable y corbata negra. Me ajusto el reloj en la muñeca izquierda, de oro y un regalo de mi padre- Al mirarme al espejo, veo al mismo hombre de siempre: frío, calculador y sin espacio para el titubeo.
Bajo las escaleras de la mansión a paso firme. Al llegar al comedor, me encuentro con una escena inusual. Tania está