ALGO ANDA MAL.
VICTORIA.
Entro a la habitación de Enzo cerrando la puerta con cuidado detrás de mí. Al darme la vuelta, encuentro a Valentina de espaldas a la camilla, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano, intentando recomponerse antes de que la descubra. Pero ya es tarde. El temblor de sus hombros la delata por completo.
Me acerco a ella a paso rápido y le pongo una mano en el brazo, obligándola a mirarme.
—¿Qué pasa, Valentina? —le pregunto en un susurro, con el pecho apretado—. ¿Por qué lloras