COMPLICIDAD.
VICTORIA.
Me llevo las manos a las sienes y me masajeo la cabeza con fuerza, cerrando los ojos. Siento que el cerebro me va a explotar. Cuando no es una cosa, es otra. Estoy exhausta, físicamente agotada de cargar con un camión de problemas ajenos y propios que parecen no tener un maldito final. La violación de mi hermana, la enfermedad de Enzo, el chantaje del riñón, la frialdad de Adel y ahora las malditas negligencias de una clínica de fertilidad que se niega a soltar unos papeles viejos. Si