Para la hora de comer ya la había chamado tres veces más. Mariana me cogió el teléfono a la primera, tardó en cogérmelo a la segunda, y a la tercera ya me habló con voz de harta.
— Rodrigo, que estou bien, por el amor de Dios. Eliete está preparando una comida supernutritiva y me lo voy a comer todo. Así que deja de llamar.
— Si solo quiero...
— Solo quieres volverme loca. Y lo estás consiguiendo.
Me colgó. Me quedé con el teléfono en la mano, sintiendo una mezcla de culpa y de alivio.
Gabriela