La noche cayó de forma apacible sobre la mansión.
Después de cenar, subí las escaleras con el cuerpo molido y la cabeza a mil.
Laura ya se había quedado frita, agotada de estar todo el día entusiasmada con Sara.
Isabela se había instalado en la habitación de invitados con la bebé, y Eliete se quedó de guardia para echar una mano durante la noche.
Entré en el cuarto y Rodrigo estaba metido en la cama, con el móvil en la mano.
La luz de la lámpara de noche le iluminaba la cara y tenía el pelo tod