El coche entró en el garaje de la mansión cuando el sol ya empezaba a caer. Laura estaba inquieta en el asiento de atrás, con las bolsas de las compras amontonadas a su lado y el osito beige bien estrujado contra ella.
— Mamá, ¿puedo enseñárselo a Sara ya?
— Debe de estar mamando, pequeña. Esperamos a que termine, que si no tía Isa se va a poner pringando de leche.
— Qué asco.
— Es la naturaleza. Los bebés tienen que mamar.
— ¿El hermanito también va a mamar?
El corazón me dio un vuelco. Laura