(Perspectiva de Mariana)
Mi padre se me acercó con los ojos vidriosos, agarrándome as manos como si todavía fora la niña que dejó en casa hace años.
—Hija mía... —empezó, con la voz entrecortada—. No podría pedir um futuro mejor para ti. Ese hombre te ama. Se le nota en los ojos.
—Lo sé, papá. Y yo le amo a él.
Fátima me pegó un abrazo fuerte, susurrándome un "enhorabuena" al oído, e luego los dos se marcharon, caminando despacio por el jardín iluminado. Roberto se despidió con un apretón de ma