El sol del sábado por la mañana parecía brillar más de lo normal. Estábamos meu padre e yo tomando el desayuno. Fátima tenía libre esta mañana y vendría solo por la tarde.
—¿Estás seguro de que no quieres que me quede otra noche, papá? —pregunté, aunque mi móvil no paraba de vibrar dentro del bolso con el quinto mensaje de "Buenos días" de Rodrigo desde las seis de la mañana.
Mi padre esbozó una sonrisa de sabio, de esas que se guardaba para cuando yo me ponía demasiado protectora.
—Mari, estou