Mis manos buscaron su cinturón, soltando la hebilla con un ansia que me sorprendió a mí misma. El cuero crujió, e le bajé el pantalón junto con los calzoncillos de un solo tirón. Su miembro salió liberado, duro, latiendo… tan cerca de mí que podía notar el calor de la piel.
Miré hacia abajo, luego hacia arriba, encontrándome con sus ojos oscuros.
—¿Te pones así por mi culpa? —pregunté, con una sonrisa provocadora.
—Por tu culpa, solo por tu culpa.
Le agarré el miembro con la mano, sintiendo el