(Perspectiva de Rodrigo)
El sol de la mañana rajaba el horizonte como una cuchilla caliente, pero para mí, el mundo seguía sumido en una oscuridad absoluta.
No dormía, no comia, apenas respiraba.
Cada segundo que avanzaba el reloj era un martillazo en el pecho, un recordatorio de que le había fallado a la única persona que me había hecho sentir vivo en años.
Estábamos en un complejo industrial abandonado en la zona sur.
El olor a aceite quemado y a polvo lo asfixiaba todo.
Caminé por la nave va