(Perspectiva de Mariana)
Me desperté con la sensación de que un camión me había pasado por encima de la cabeza y luego había dado marcha atrás.
El dolor me latía detrás de los ojos, con un golpe rítmico y cruel que parecía querer rajarme el cráneo por la mitad.
Intenté llevarme la mano a la frente, pero mis brazos no obedecieron.
Estaban atados, estirados hacia atrás, con la piel abrasándome allí donde el material me cortaba la circulación.
Respiré hondo y casi me voy de baretas al momento.
El