Perspectiva de Mariana
El corazón me latía tan fuerte que o sentía en la garganta. Roberto seguía allí plantado, como una estatua de hielo en mitad de toda esa podredumbre. Le miraba fijamente, sintiendo la traición como un cuchillo mellado que me serraba el pecho. ¿Cómo pude ser tan tonta? ¿Cómo se me ocurrió pedirle a Rodrigo que confiara en él?
— Roberto... —mi voz sonó floja, sin poder creérmelo todavía.
No respondió al principio, pero, cuando hizo amago de dar un paso, le flaquearon los ho