Cuando llegué a la mansión, me fui derecha a mi habitación, con una determinación renovada.
Rodrigo podía estar yendo a escuchar a Roberto, pero yo no me iba a quedar de brazos cruzados esperando su informe.
Yo era Mariana, la tía que había hackeado los sistemas de empresas enteras bajo las narices de todo el mundo.
Si había algo que descubrir, lo descubriría yo.
Cerré la puerta del cuarto y me tiré en la cama con el portátil. Si Roberto estaba metido en el ajo, encontraría su rastro.
Iba a esc