Me giré hacia él, notando los ojos inundados de lágrimas otra vez.
— No me esperaba esto. Ni en sueños...
— Y hay más —interrumpió, suave—. Voy a garantizar que el tratamiento médico de tu padre corra a cuenta de la empresa. Para siempre, con cualquier cosa que necesite.
Se me abrió la boca, pero no me salía la voz.
— Rodrigo, esto es demasiado... no sé ni qué decir...
Levantó la mano, callándome.
— Lo hago por tu padre, pero también por ti. Quiero que te quites de la cabeza la preocupación por