Cap.31

Salí del edificio y caminé unas cuantas manzanas hasta el “Bistró Laurent”, un sitio discreto, con mesas bien separadas y un menú que me sabía de memoria.

El maître me llevó a mi rincón habitual, junto a la ventana que daba a un patio interior vacío. Era lo más parecido a la paz que iba a conseguir.

Apenas había abierto la carta cuando un perfume familiar, intenso y caro, invadió mi es

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