Mundo ficciónIniciar sesiónSalí del edificio y caminé unas cuantas manzanas hasta el “Bistró Laurent”, un sitio discreto, con mesas bien separadas y un menú que me sabía de memoria.
El maître me llevó a mi rincón habitual, junto a la ventana que daba a un patio interior vacío. Era lo más parecido a la paz que iba a conseguir.
Apenas había abierto la carta cuando un perfume familiar, intenso y caro, invadió mi es







