Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl silencio de mi despacho era el único alivio después de aquella reunión. Me quedé de pie frente a la pared de cristal, intentando centrarme en el horizonte de la ciudad y ahogar el eco de los elogios a Mariana.
La puerta del despacho se abrió sin previo aviso. Solo una persona se atrevía a entrar así sin esperar a que Gabriela me anunciara…
No necesité girarme para saber quién era.
El olor a puro caro







