Cap.30

El silencio de mi despacho era el único alivio después de aquella reunión. Me quedé de pie frente a la pared de cristal, intentando centrarme en el horizonte de la ciudad y ahogar el eco de los elogios a Mariana.

La puerta del despacho se abrió sin previo aviso. Solo una persona se atrevía a entrar así sin esperar a que Gabriela me anunciara…

No necesité girarme para saber quién era.

El olor a puro caro

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