Sentí como si el suelo se abriera bajo mis pies.
No. Aquello no podía ser verdad.
—Estás mintiendo.
—¿Mintiendo? —Dio un paso hacia Mariana otra vez, con los ojos clavados en ella—. Mírate. Tan mona. Tan modosita. Pensando que vas a sacar algo limpio de todo esto.
—Ella no busca nada.
—¿Que no busca nada? —Se mofó—. Claro que sí. Todas van a lo mismo y tú, niñata, eres una ingenua si te crees que este de aquí te va a dar algo.
Mariana se quedó callada, sin abrir la boca.
—Jamás te va a querer d