Cap.127
Ella no retrocedió, ni bajó la mirada. Al contrario, pareció afirmarse aún más, sosteniendo la mía con una intensidad que me dejó sin aire.
Entonces fue ella quien dio el siguiente paso y cerró la distancia que yo había creado.
Sus dedos tocaron el lazo de seda de mi esmoquin con un gesto ligero y delicado, pero podía ver el deseo en sus ojos.
—Entonces provócame tú —susurró, con la voz tan baja que casi no la oí, pero sus palabras resonaron en mi cabeza como un grito.
Fue la gota que c