(Perspectiva de Rodrigo)
Respiré hondo mirando a la calle. Estaba vacía, pero no parecía algo bueno; me ponía en alerta.
Suspiré, mirando a Mariana, que observaba la calle con desconfianza.
— Quédate aquí.
Mi voz sonó más cautelosa, directa. Siempre me pasaba lo mismo cuando se trataba de ella.
Observé a los hombres que había contratado, ya posicionados en el otro vehículo, esperando mi señal.
— ¿Vas a entrar solo? — Su voz sonó detrás de mí, tensa.
— No estoy solo.
— Tus seguristas, sí. Pero m