Él me observó y algo en sus ojos cambió. La frialdad calculadora habitual dio paso a una intensidad abrasadora, una respuesta directa y primitiva al fuego que yo había soltado.
No dijo nada. Solo me sostuvo la mirada, y la distancia entre nosotros, que ya era mínima, pareció evaporarse.
No aguanté más.
La combinación de la rabia pura, de la atracción que me empujaba como un imán contra toda lógica, de la noche calurosa y secreta… fue demasiado.
Com um movimiento brusco, casi desesperado, me pus