Cap. 124
(Visión de Mariana)
Se me quedó el dedo pegado al ratón del portátil.
— No, no, no, no, NO —mi voz sonó aguda y fina, totalmente ridícula—. Esto no podía pasar, joder.
El tío ese enorme apuntó con la pistola a Rodrigo, fuera de sí, y soltó algo que no alcancé a oír. Los otros hombres de Rodrigo le apuntaron a él…
Aquello iba a ser una escabechina si a alguien se le escapaba el gatillo… pero el miedo que me entraba, ese miedo de que le pasara algo a Rodrigo...
Y entonces ocurrió todo: l