Después de ese momento, cuando el silencio ya no pesa tanto y las emociones parecen haberse aquietado apenas lo suficiente para poder respirar, Karina se separa lentamente del abrazo. Se limpia el rostro con el dorso de la mano, recompone la espalda y, con esa habilidad suya para volver a ponerse la máscara de calma, mira a Milenne.
—Gracias —murmura— De verdad.
Luego, como si necesitara cambiar el rumbo de sus pensamientos antes de que lo arrastren otra vez, aclara la garganta.
—Oye... estaba