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Caesar se fue a su habitación apenas llegamos a su apartamento, yo me arrastre a la mia adolorida, odiaba admitirlo pero Caesar tenia razón, está m****a dolía como el infierno.
Me saque la blusa con extremo cuidado de no lastimarme y la dejé a un lado, fui al baño y me mire los pezones, estaban tan rojos.
Trate de tocarlos pero tan solo el roce de mis dedos era doloroso.
— Al menos se ven lindos — Le dije a mi reflejo.
Salí del baño y busque algo holgado entre mis cosas, pero no tenía nada, e