Dos semanas después.
el brazo de Caesar descansaba sobre mi vientre. Me removí ligeramente en la cama y él abrió los ojos, quedando su mirada sobre mí.
— Buenos días, mi amor — me saludó con voz suave.
Le respondí con un beso en los labios.
— Buenos días — susurré, sintiendo su cálido abrazo a mi alrededor.
La luz suave de la mañana se filtraba por las cortinas entreabiertas, pintando destellos dorados en la habitación, hoy se sentía diferente a los demás días.
Caesar acarició mi mejilla con t