Mundo de ficçãoIniciar sessãoCon la respiración agitada y la mano temblorosa, Caroline se quedó mirando a Leonardo, se negaba a dejarse vencer, sabía que estaba atrapada, pero se negaba a verse débil ante el hombre que la había hecho una prisionera en una jaula bonita y axfiante.
Leonardo la observaba desde la distancia de la sala, los ojos llenos de ira y los labios apretados. Ni un músculo se relajaba. Sus empleados y guardias permanecían alrededor, quietos y tensos. Leonardo no había dicho na






