Mundo ficciónIniciar sesiónUna semanas después, la plaza estaba iluminada por faroles improvisados y risas de fiesta. Los colores de las cintas y los manteles colgaban en el aire como jirones de alegría, mezclados con el aroma a maíz tostado y aguardiente. Mariano y Caroline caminaban juntos, rozándose apenas los brazos, con esa tensión silenciosa de dos que están a punto de desnudarse el alma.
Se detuvieron junto a una pared lateral, donde la penumbra jugaba a ocultarlos del bullicio. El murmullo de guitarras y palmas seguía vivo en el centro de la plaza, pero entre ellos el aire parecía espesarse, como si el universo entero se hubiera detenido para escucharlos. - "Paulina, tengo algo que decirte", empezó él, la voz cargada de un peso que ya no podía sostener. - "Mariano, yo también", dijo ella al mismo tiempo, nerviosa. Se miraron, casi con una sonrisa temblorosa por la coincidencia. La respiración de amb






